En fechas recientes todas las personas hemos sido testigos del crecimiento del movimiento feminista en México y el mundo. Este movimiento ideológico y hasta político encuentra su base en diversas situaciones y argumentos que algunos de ellos podrían ser controversiales.
El #yo si te creo es un movimiento que tiene como premisa creer en las denuncias de personas vulnerables como víctimas de diversas clases de abusos, sobre todo a menores, quienes por su edad o lazo de parentesco con sus abusadores llegan a tener desventaja sobre la credibilidad de sus manifestaciones. Pero este movimiento va a mas allá de concientizar a la sociedad sobre la importancia de creer a las niñas y niños sobre estos hechos, sino a toda persona, especialmente a mujeres que han sido víctima de acoso, abuso sexual incluso violación, consigna que ha tomado fuerza en el colectivo feminista, sin embargo, la ideología de tras de este movimiento resulta ser políticamente correcta, pero cuestionable la práctica.
El deber de creer a una persona que fue víctima de acoso o abuso es un deber moral y social, pero no jurídico.
Es importante concientizar a las personas que, al enterarse de un hecho de esta naturaleza, lo más correcto es creer a la presunta víctima, brindarle apoyo y protección, pues esta primera red de apoyo permitirá que la víctima no quede desprotegida y que además se de aviso a las autoridades para que estas intervengan y realicen las investigaciones pertinentes. Este es el alcance que el movimiento #yo si te creo debe de tener, cosa muy distinta a la versión radical del movimiento que reza, que no es necesaria ningún tipo de evidencia para creer en lo que ha dicho la víctima.
Esta última postura, que es la más radical, curiosamente es el más común. Este movimiento entendido de manera incorrecta vulnera el principio de presunción de inocencia de las personas e incluso perjudica a las victimas reales de abusos o maltratos.
¿Cómo el movimiento #yo si te creo, en su versión radicalizada afecta el principio de presunción de inocencia?, la respuesta es la siguiente:
México durante largo tiempo ha luchado para lograr el reconocimiento y la protección efectiva de los derechos de las personas (lucha que aún sigue). Una de las cuestiones que más ha afectado en México es la forma en que se procuraba y administraba justicia. Muchas personas fueron víctimas al ser declarados culpables de delitos fabricados, se enfrentaron a un sistema que los obligaba a probar su inocencia y se les imponían cargas difíciles de cumplir para probar precisamente la falta de responsabilidad en la realización de los delitos que se les acusaban.
Al día de hoy, el derecho a presumirse inocente es un derecho plenamente
reconocido en la constitución. El principio de presunción de inocencia incluye
dentro de sí diversos derechos entre los cuales están el de ser escuchado, es
decir, poder dar una versión propia con relación a los hechos que se le acusan;
saber quién es su acusador, que se permita al acusado a aportar pruebas que
demuestren su inocencia, como presentar testigos, videos, documentos, etc.,
tener derecho a ser juzgado, siendo los tribunales los espacios imparciales en
donde tanto la victima muestre todo lo que apoye su dicho y el acusado también.
Solamente en estas circunstancias puede asegurarse con mayor probabilidad que:
a) el abusador sea castigado
b) que no se castigue a un inocente.
El hecho de que en ocasiones el aparato de justicia como institución humana tenga errores, ello no quiere decir que sea porque pertenece a un sistema patriarcal, sino evidencia los defectos del propio sistema que dan pie a que no se castiguen los delitos en general, incluyendo los que afectan a niñas, niños y mujeres, pero también a hombres.
Como puede apreciarse, el principio de presunción de inocencia no solo es importante en el sistema de justicia, sino necesario que exista para que los objetivos que persigue el feminismo no radicalizado se logren, por lo cual, lo que se quiere es que se castigue al culpable y no cualquier hombre por el hecho de ser hombre como potencial abusador solo en razón de su género, pues No es desconocido el hecho de que a la fecha existe una cultura de las denuncias falsas, precisamente abusando de las premisas de este movimiento.
En segundo lugar, nos podemos preguntar ¿Cómo afecta el movimiento #yo si te creo, en su versión radicalizada a las propias mujeres y al feminismo?
En la primera parte mencionamos que el principio de presunción de inocencia logra que el culpable de un abuso logre ser castigado, por ello, es prioritario no solo creer en la victima, sino además probar lo que dice, pues con ello se lograr dar certeza de que el castigo será aplicado al verdadero culpable y este no quedara impune, considera lo contrario equivaldría regresar miles de años en el tiempo en los cuales la justicia se daba por venganza o de cientos de años atrás donde en una época inquisitorial el señalamiento era más que suficiente para determinar la culpabilidad de una persona.
Lo que el feminismo radical no ha entendido es que las premisas que reza no solo van en un sentido sino en ambos.
En consecuencia, es esencial para la protección de las mujeres, niñas y niños, hombres y todas las personas que el abusador correcto sea castigado, porque el castigar al inocente solo provoca una sensación de injusticia. Desde un punto de vista objetivo, cuando lo que interesa es la verdad en un inicio todo debe de cuestionarse, lo cual no vulnera a las víctimas, porque ya lo mencionamos al inicio, creerle a una persona vulnerada es un deber moral y social que debe de conllevar a la protección inmediata, pero, esto no incluye la comprobabilidad jurídica de una persona hasta que no se juzga para determinar de la manera más clara su posible culpabilidad.